Enfants de la Patrie


La eliminación de la selección francesa en el Mundial 2010 de Sudáfrica está produciendo una convulsión nacional que traspasa los límites del mero espectáculo deportivo. Al ridículo protagonizado en el campo por los jugadores, se suma el mayor aún escenificado fuera del campo, con los plantes de los jugadores a entrenarse, la negativa de Abidal a jugar y la expulsión de Anelka de la concentración. La gravedad de la situación no puede obviarse, situación a la que se ha llegado por la degeneración que ha ido realizando de este equipo su entrenador, Raymond Domenech. Pero no es del tema deportivo del que me quiero ocupar en este artículo, sino de las repercusiones sociales que está generando este fracaso estrepitoso.

El pluralismo racial en Francia no es un fenómeno nuevo. Durante las primeras décadas del S.XX y hasta mediados, fueron numerosos los emigrantes italianos, españoles, portugueses y de más nacionalidades los que se fueron estableciendo en su territorio por motivos, en su mayoría laborales. Una excepción la constituyeron los refugiados españoles del Franquismo. Tras la Segunda Guerra Mundial y, ante la necesidad de reconstrucción del país, esta emigración se vio aún más reforzada, llegando a contarse cinco millones de extranjeros llegados a Francia. Pero es a partir de mediados de siglo cuando tiene lugar otro fenómeno que cambiaría la constitución racial de Francia para siempre: la Descolonización de África.

El gran imperio colonial francés comenzó a desgajarse tras finalizar la II Guerra Mundial. La guerra de Argelia no fue sino un intento de Francia de mantener un imperio que ya no tenía sentido en esos días. Así fue como territorios que antes formaban parte de Francia aunque estuviesen separados de la metrópoli, fueron adquiriendo su independencia: Argelia, Marruecos, Túnez, Somalia Francesa, Senegal, Costa de Marfil, Burkina Faso, Chad, etc. Pero a pesar de esta independencia, los lazos que los unían a la antigua potencia colonial eran demasiado fuertes como para que desapareciesen de la noche a la mañana. El idioma, la adopción de sus costumbres y la dependencia económica que le unían a Francia constituyen hoy en día vestigios de una influencia que, en cierta medida, aún hoy conserva.

Esto tuvo como consecuencia que muchos habitantes de estos territorios emigrasen a Francia, y se estableciesen especialmente en la capital. Y desde aquellos días viene forjándose la situación que tenemos actualmente: banlieues llenos de población negra africana, antillana y árabe, en los que la situación se vuelve cada día más difícil. Sin embargo, no hay que olvidar que esta situación no ha sido provocada por ellos voluntariamente, sino que es el fruto del rechazo de la población “puramente francesa”, que con sus recelos y sus miedos escapan de esos barrios, a los que dejan condenados a la miseria y la desolación. Esta situación es el resultado de la incapacidad de un país para acoger lo que durante tantos años tuvieron, pero que no veían porque se encontraba en otro continente.

Esa misma población que vive con miedo a que el Islam se extienda y conquiste su país, a que los hijos y nietos de aquellos emigrados vuelvan a provocar disturbios porque su país, sí, el mismo de los que los temen, no les ofrece ninguna esperanza de futuro. No son ellos los que llevan 20 años viviendo la brutalidad policial en las calles de los banlieues de toda la inmensa periferia parisina. Sí, Saint-Denis, Aubervilliers, Villiers-le-Bel, Suresnes, Champigny, Saint-Michel-sur-Orge,… Todos esos jóvenes son tan hijos de la Francia como el de cualquier descendiente aristócrata.

Y ahora viene un diario como L’Equipe, el diario deportivo más importante de Europa y hace un análisis sociológico de la Francia tras el fracaso que ha supuesto el mundial sudafricano. No, este periódico se encuentra legitimado para hacer el análisis deportivo que crea conveniente y para criticar de la forma adecuada pero no para tachar de culpables a “los raperos de los suburbios” y hacer distinciones de clases sociales. No y le voy a decir por qué. Primero, porque es una muestra más del chovinismo francés buscar el “blanco” fácil y no querer analizar en profundidad el problema de un equipo de fútbol que no es nuevo. Segundo, esos “raperos de los suburbios” lo son porque les han empujado a ello, no porque ellos lo eligiesen. Lo son porque les niegan sus aspiraciones y no les dejan más salida que esa. Tercero, esos “raperos de los suburbios” son los mismos que en 1998 ganaron la Copa del Mundo en París y en 2000 ganaron la Eurocopa en Holanda, cuando entonces todo el mundo se deshacía en elogios hacia una selección que unía las tres razas que poblaban la Francia: “black, blanc, beur”. Esos raperos de los suburbios son Zinedine Zidane, son Liliam Thuram (quien, por cierto, tiene una asociación contra el racismo), son Thierry Henry, son ciudadanos franceses, al igual que lo son Michel Platini (no sé si habrán notada cierto tono italiano en su apellido) o Nicolas Sarkozy, de origen húngaro. Y esos “raperos de los suburbios” son Franck Ribery, que por cierto, ni es negro ni es rapero, pero también forma parte de esta selección del fracaso. Pero claro, la memoria en estos casos es muy corta y hay que escribir lo que conviene.

Francia tiene lo que se merece y lo que ha venido cultivando desde hace tiempo. La desunión del combinado nacional la conciben como un reflejo de la situación del país. Cuando las cosas van bien, nadie parece ver los problemas, pero en cuanto la situación se tuerce, parecen aflorar por todos lados. Pero no nos confundamos, el problema no es que haya personas de otras razas buscando un sitio en la sociedad, el problema es que esa sociedad se lo ha negado siempre y ante el rechazo y el aislamiento lo único que queda en rebelarse, como siempre ha hecho el pueblo francés contra quienes los tiranizaban. La diferencia es que ahora no quieren asumir ese papel.  Aún se indignan cuando los jóvenes negros de Saint-Denis silban La Marsellesa cuando juega la selección francesa. “No se sienten franceses”, y, en realidad, son esos franceses de pro quienes no los quieren a ellos. Ése es el gesto de impotencia de unos jóvenes a los que su propio país les niega el derecho a ser lo que son.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s