Ghettonomics


No sé si habréis leído un libro sobre economía titulado Freakonomics. ¿Sí? Perfecto. La economía no constituye realmente una pasión para mí, al menos en el sentido global del término. Únicamente me preocupo por mi economía del día a día, cual ciudadana corriente. Quizá sea este el motivo por el cual este libro es uno de los que más ha hecho aprender sobre economía y me ha hecho reflexionar. La economía está en lo más cotidiano. Está en el crimen, en la natalidad, en los nombres de los hijos… y en los traficantes de drogas. Sí, también está ahí. Quizá sea por ello que el otro día, mientras veía la serie de HBO “The Wire” no pude evitar recordarlo.

Steven D. Levitt nos presenta en su libro una visión de la economía que nada tiene que ver con lo que estamos acostumbrados. Nos muestra resultados de investigaciones que nos parecen chocantes e, incluso, inaceptables. En concreto, me interesa el capítulo 3, en el que el autor se pregunta “¿Por qué continúan viviendo los traficantes de drogas con sus madres?” El autor nos ofrece una respuesta muy simple: no ganan nada de dinero, a excepción de que se hallen en la cúpula. La cúpula. Sí, de una organización estructurada jerárquicamente, con unos roles muy rígidos, y en la que es necesario realizar muchos méritos para lograr ascender de posición. Levitt nos muestra, recogiendo los datos de la investigación realizada por Sudhir Venkatesh en un complejo de viviendas de un barrio pobre de Chicago, que una banda de tráfico de drogas se organiza económicamente igual que cualquier empresa legal; que tiene que soportar una serie de costes, tanto fijos como variables; que su único objetivo es el beneficio económico; que se aprovechan de una serie de chavales criados en barrios marginales que pelean por un puesto de vendedor en una esquina porque para ellos ésa constituye la única manera de escapar de la misera (con la ilusión de llegar a ser un día los líderes de la banda, algo que comprenderán que es imposible conseguir).

Esta imposibilidad reside, principalmente, en el hecho de que la persona situada en la cúspide de la organización es alguien que posee nociones sobre mercados, productos, leyes de oferta y demanda…, alguien que posee cierto nivel de conocimientos económicos y los utiliza para conseguir el mayor beneficio posible. Para aclarar la situación, diremos que existe una pirámide jerárquica: arriba se encuentra el jefe de la banda; más abajo, los tesoreros y gente de confianza del líder; a continuación, están los “soldados de a pie”, los traficantes comunes; por último, en la parte más baja se encuentran las bases de la organización, chavales que esperan una oportunidad para convertirse en soldados de a pie.

Y ahora, la pregunta del millón: ¿qué tiene que ver todo esto con The Wire?

He aquí la respuesta:

Sí, Stringer Bell. Este personaje representa a la perfección todo lo expuesto anteriormente. Stringer Bell estudia economía para mejorar la administración que realiza de la organización de Avon Barksdale, de la que realmente es él quien lleva las cuentas. Stringer siempre aparece vestido de traje, de manera elegante. Nunca le veremos vestido rapero, cosa que sí sucede con Avon. Esto nos viene a confirmar una opinión muy extendida: mientras los blancos de los barrios residenciales intentan imitar la cultura de los negros de los guetos, éstos intentan parecerse a los padres de los chicos de los barrios residenciales.

The Wire nos muestra el funcionamiento de una red de tráfico de drogas, desde la cúspide y sus relaciones con el resto de poderes, hasta los soldados de a pie que venden droga en las torres y en los barrios de casas. Nos transmite una visión realista de cómo se mueve este mercado del tráfico de sustancias ilegales, que mueve enormes cantidades de dinero; de los problemas que sufren los vendedores, los riesgos a los que se exponen y su  relación con los drogadictos,… En The Wire comprobamos claramente por qué los traficantes de drogas (los chicos de las casas, de las torres, etc.), aquellos que aparecen primero en nuestra mente al oir la palabra traficante, no pueden hacer una vida propia fuera del barrio, simplemente porque ganan muy poco. Y es que el dopeboy, ese personaje que tanto han popularizado el rap, especialmente el gangsta, es el protagonista del juego, pero de un juego en el que más que ganar, pierde.

Aquí un vídeo homenaje.




Bibliografía
LEVITT, Steven D.; DUBNER, Stephen J.: Freakonomics. 2006

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