La importancia de las palabras


Día tras día, compruebo en televisión o en la prensa los errores que se cometen al informar sobre el mundo árabe. Generalmente, se utilizan los mismos términos, indiferentemente, para nombrar realidades muy distintas. Esto viene provocado por el desconocimiento de muchos de los profesionales que redactan estas informaciones. Afortunadamente, no todos cometen estos errores garrafales, pero sí ocurre en líneas generales, dando lugar a una gran desinformación sobre los temas que afectan a regiones del mundo como Oriente Próximo y Medio, el Magreb y en general el mundo islámico, a tal punto que la gente ya no sabe diferenciar entre lo que se le dice, produciéndose una homogeneización de colectivos humanos que, en numerosas ocasiones, no guardan ninguna relación entre sí.

Así pues, vamos a analizar ahora algunos términos que crean confusión debido a su uso incorrecto:

Árabe: individuo que comparte una identidad supranacional que comprende a toda la región del Magreb, Oriente Próximo y la Península Arábiga, basada generalmente en el uso compartido de una lengua y unas tradiciones. Ser árabe no conlleva ser musulmán, aunque la mayor parte de los árabes profesen esta religión. Irán, a pesar de ser musulmán, no es un país árabe.

Musulmán: aquella persona que profesa el Islam, independientemente de su origen. Hay 900 millones de musulmanes en el mundo, abarcando países tan diferentes como Marruecos o Indonesia.

Islámico: relativo o perteneciente al Islam. Podemos hablar de arquitectura islámica, ley islámica, etc. Pero las personas no son islámicas.

Islamista: aquel que sigue una ideología política que propone el Islam y la ley islámica como modelo a seguir en la gobernanza del Estado. No todo islamista considera la sharía como canon a seguir para gobernar un país.

Islamista radical: aquel cuya ideología política se basa en la aplicación total de los principios del Islam a la gobernanza del Estado, incluido el uso de la sharía. Radical no implica que se ejerza la violencia para imponer dicha ideología.

Yihadista: aquel que pretende imponer sus opciones políticas y religiosas mediante la yihad (o guerra santa). Generalmente, sí se ha hecho un uso violento de la yihad, pero también existe una corriente yihadista espiritual que no aboga por el uso de las armas.

Terrorista: todo aquel que utiliza el terrorismo como método para imponer sus ideas u opiniones al resto o para forzar a un Estado a cumplir las prerrogativas que estos exigen. El terrorismo es un método y no una ideología, por eso calificar a alguien de terrorista requiere de muchas precauciones. Ser islamista radical no puede suponer en ningún caso ser calificado de terrorista.

Así pues, solo abogo porque se haga un uso correcto de los términos para que la sociedad tenga conocimiento realmente de lo que sucede y puede diferenciar en cada caso de qué se trata.

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