Des-historia, desmemoria y desprecio


Recuerdo toda mi etapa educativa primaria y secundaria y la asignatura de historia. Siempre me gustó mucho esa asignatura, si no era mi favorita y echando a la vista atrás me doy cuenta de cómo algunas etapas de la historia eran obviadas en los libros de texto o por los profesores de manera deliberada. Por no hablar del sistema de evaluación de Historia de España en Selectividad, en el cual sólo se tienen en cuenta los siglos XIX y XX de la historia de un país con varios milenios a sus espaldas. Curiosamente, la parte siempre obviada suele ser la misma: el lapso que abarca de los siglos VII al XV. No me gusta ser malpensada pero esos siglos coinciden con el período de la historia en el que este territorio constituía uno de los más prósperos reinos árabes y musulmanes de todo el planeta. Y toda la vida estudiando la historia de este país hemos creído que de la costilla del hombre de Atapuerca surgieron los Reyes Católicos.

Sin duda, el franquismo tuvo un gran influencia en obviar toda esta parte de la historia. Qué menos que negar que este país nunca fue musulmán y que todo lo que viene de África hacia abajo no puede ser nada bueno. Sin embargo, esta ocultación ha proseguido después del final del régimen autoritario y no acabo de entender las razones. Precisamente, si hay algo que nos hace diferentes en toda la historia de Europa es este pasado árabe e islámico, que, lejos de suponer una carga, marca más bien el período de mayor esplendor de estas tierras. Emisarios de todos los países eran enviados aquí. Aquí trabajaban los más eminentes médicos, científicos, astrónomos, matemáticos, ingenieros y traductores. Todas las aportaciones materiales y culturales que el Islam legó a Europa entraron a través de la península ibérica y establecieron las bases para el resurgimiento de Europa allá por el siglo XV en lo que se ha venido en llamar Renacimiento, proceso que no es sino la apropiación y puesta en práctica de la herencia árabe.

Por tanto, cabe preguntarse por qué esa insistencia en esconder el tiempo más glorioso de nuestra historia, una misión común a la que han contribuido la clase política, intelectual y los medios de comunicación, resultando en un desconocimiento general por parte de la población de la historia de su propio país. ¿Cómo vamos a comprender lo que sucede hoy en día si desconocemos el proceso que se ha seguido a lo largo de cientos de años hasta este momento? ¿Cómo vamos a comprender las manifestaciones de distintas religiones, culturas e identidades que tienen lugar en nuestras calles si no sabemos que en algún momento de la historia esa era la norma común?

Toledo, la ciudad modélica. El modelo de tolerancia a seguir por cualquier ciudad en Europa, con la convivencia pacífica y armoniosa de judíos, cristianos y musulmanes. Un hito del que deben enorgullecerse todos los toledanos en estos tiempos que corren. Pero qué va, llega ahora una cadena estatal de televisión y decide que estos mitos no son beneficiosos para una sociedad diversa en la que existe una mezcla aún mayor que la de aquella época. ¿Por qué perseguir la integración y la lucha contra los problemas sociales unidos si podemos enfrentarnos unos contra otros? Antena 3 ha decido destruir la imagen de Toledo como modelo de tolerancia y convivencia religiosa en beneficio de un modelo de superioridad de unos ‘blancos’ sobre unos ‘moros’ también blancos. No quiero entrar en los detalles técnicos y de puesta en escena de la serie, porque dan para rato y no es ese el tema a tratar, pero la falsedad que caracteriza a la serie afecta también al propio argumento, desde el mismo momento en que se escoge la época en la que se ambienta la serie: la ciudad ha sido reconquista por los cristianos del norte. Cristianos que sobreentendemos han de representar a los españoles de hoy en día (una imagen totalmente creada por el franquismo) frente a los árabes invasores. Creo recordar que esos cristianos tan españoles eran unos bárbaros visigodos y, por tanto, también invasores. En fin, es algo que no tiene importancia. Lo más repugnante de la serie son el racismo e intolerancia encubiertos que transmite. A priori, la serie parece que intenta ser neutral, representar a todos más o menos en igualdad (los protagonistas principales son todos cristianos!), pero numerosos diálogos y acciones dan muestra evidente de que la intención de la serie es reforzar una identidad nacional (que me digan los sociólogos si este es un método propagandístico utilizado en momentos de crisis social tan grave como la que estamos atravesando) puesta en duda por no sé quién. La representación también consigna la desigualdad desde el momento en el que los actores escogidos para representar a los personajes no transmiten visualmente ninguna de las características que para dicha interpretación se les presuponen. Las afirmaciones del tipo “no les podemos entregar al culpable a los moros, porque no sabes lo que hacen con ellos: son crueles, los torturan” hacen enrojecer de vergüenza ante el pequeño olvido de que el tribunal penal más sanguinario de la historia (el Tribunal de la Santa Inquisición) haya sido uno de los mayores logros de los reyes cristianos y un orgullo nacional.

Parece que desde que Felipe II decidiera expulsar a los moriscos que quedaban del país (creando una crisis en la economía nacional de la que aún no hemos levantado cabeza) se puso fin a la historia del Islam en este país hasta que a partir de los años 80 algunos marroquíes decidieran probar suerte cruzando el estrecho y volver, quién sabe, a la tierra en la que vivieron sus antepasados. Me entristece sobremanera que ocho siglos de convivencia y pertenencia al Islam no nos hayan servido para estar a la vanguardia en políticas de inmigración y de integración social de las diversas comunidades existentes hoy día en nuestra sociedad. Y más triste es que, no sólo no hayamos aprendido nada, sino que los escasos vestigios de orgullo que nos quedan, nos dediquemos a destruirlos en pos de… ¿de qué?

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2 Respuestas a “Des-historia, desmemoria y desprecio

  1. Interesante reflexión. No me siento capacitado para entrar en un debate con argumentos así que sólo señalaré que me parece un planteamiento interesante. Yo recuerdo haber visto esta parte de la historia en secundaria de forma profusa (aunque ahora no la recuerde bien) y también la etiqueta de “invasores” y el mesianismo de la “reconquista”. Pero de ahí a elucubrar con las intenciones ocultas no me meto porque no tengo el bagaje suficiente para hacerlo.

    • Me hubiera gustado ir a tu instituto. En el mío, por cierto, situado en el antiguo Al-Ándalus, nunca estudié esa etapa de la historia. En los tres primeros cursos de la ESO veíamos bastante más geografía que historia en aquella asignatura llamada Ciencias Sociales. En 4º se comenzaba a estudiar a partir de la Edad Moderna. En 1º de Bachillerato sólo era historia contemporánea (obviamente occidental) y en 2º en Historia de España pasamos del Imperio Romano a Felipe II. Ya no hablo sólo de si se estudia o no, sino del escaso hincapié que se hace en general para recordar ese período, que de hecho es bastante extenso, frente a la gran importancia que se otorga a otros, cuya relevancia habría más seriamente que poner en duda.

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