Abdul Hussein Sardari, el ‘Schindler iraní’


Todo el mundo conoce y ha alabado a algunas de las personas que ayudaron a salvar miles de vidas humanas durante el régimen nazi, que consiguieron que miles de judíos no fueran deportados a campos de concentración y sufrieran un cruel destino. Oscar Schindler o los numerosos diplomáticos españoles que mediante salvoconductos ayudaron a muchos judíos a huir de las garras de los nazis son sólo algunos de ellos, los más célebres.

Abdul Hussein Sardari

La lista de personas y, especialmente, diplomáticos que ayudaron a miles de seres humanos por fortuna es larga, pero hoy me gustaría especialmente destacar una figura, la de Abdul Hussein Sardari, cónsul iraní en París. Sardari se enfrentó a las autoridades nazis invocando el derecho de proteger a los ciudadanos iraníes en virtud de un acuerdo existente entre el III Reich e Irán por el cual todos los ciudadanos iraníes estaban protegidos de los actos de agresión de los alemanes nazis (no olvidemos que los iraníes son de origen ‘ario’). Así pues, el cónsul especificó a los alemanes que los judíos iraníes también entraban dentro de esta protección, ya que habían vivido en territorio persa desde los tiempos del imperio de Ciro el Grande. Los nazis no tuvieron más remedio que aceptar a regañadientes y Sardari pudo así salvar a más de 2000 judíos iraníes.

Pero no sólo salvó iraníes. Sardari, arriesgándose, distribuyó entre 500 y 1000 pasaportes iraníes en blanco (todos los que tenía) entre judíos no iraníes para que también pudieran salvarse de la barbarie nazi. Y también a muchos iraníes, ya que éstos carecían de los nuevos pasaportes iraníes en vigor con la llegada del régimen de Sha Muhammad Reza. Cuando en 1941 Gran Bretaña y Rusia invadieron Persia, el sha firmó un tratado con los aliados y a Sardari se le ordenó que regresara a Irán, ante la pérdida de su inmunidad diplomática en Francia. Pero el cónsul arriesgó su vida y, con dinero de su bolsillo, mantuvo la legación en funcionamiento para ayudar a los judíos iraníes. Las estratagemas que urdió para convencer a los nazis del carácter histórico de la presencia de los judíos en suelo persa como señalo más arriba y otras aún más ocurrentes no son sino una muestra más del valor de este hombre, que vivió en una época en la que los verdaderos valientes no iban armados.

Cuando fue preguntado por qué había salvado a los judíos respondió: “Sólo he cumplido con mi deber de iraní”. Y cuando fue inquirido por qué había también ayudado a judíos no iraníes, afirmó: “Sólo he cumplido con mi deber de ser humano”.

Cuando intereses espurios quieren enfrentar a judíos y musulmanes como si fueran enemigos irreconciliables, hay que responderles con estas historias. A judíos, musulmanes y cristianos, todos descendientes del mismo patriarca Abraham, unen más cosas de las que los separan y una por encima de todas, la pertenencia a una misma especie que es el ser humano.

Fuentes:

– Artículo sobre Sardari en la BBC http://www.bbc.co.uk/news/magazine-16190541

– Axworthy, Michael: Irán: una historia desde Zoroastro hasta hoy. Madrid: Turner, 2010

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