El velo… no tan desconocido

Publicado en Racismo, Realidad Social con etiquetas , , , , , el 20 abril, 2012 por vickypress

Cuando la polémica sobre el velo islámico, los derechos de la mujer, la religión, la laicidad y los eternos debates en torno a ellas surgen con su acostumbrada periodicidad, me pregunto si nos miramos a nosotros mismos y nos acordamos de cómo somos y las tradiciones que mantenemos.

Nos parece chocante que en la época en que vivimos haya mujeres que, por voluntad, convicción u obligación, hayan de portar su cabeza tapada con un pañuelo. Consideramos que vivimos en una sociedad en la que la mujer ha obtenido su completa autonomía e independencia del varón, si bien aún no la igualdad. Y yo recuerdo una época no tan lejana en la que las mujeres en este país habían de salir a la calle ataviadas con un velo negro que les cubría toda la cabeza.

Esta tradición de cubrir la cabeza a la mujer no es menos occidental que cualquier otra. Las viudas se cubrían con un velo negro la cara el tiempo que se pasaban de luto, las mujeres tenían que acudir a la iglesia tapando su rostro igualmente, las madrinas de boda hacían otro tanto… y las propias novias. Y detrás de todo ello siempre se ha encontrado la religión, en este caso, la Iglesia Católica.

A día de hoy las novias en España se siguen casando con un velo. Un velo blanco que tapa su cara. El novio en el altar, después de que el sacerdote los haya unido oficialmente en santo matrimonio, procede a levantar el velo de su ya esposa, que hasta ese momento ha permanecido intacta en su pureza y pulcritud. Este velo no simboliza otra cosa que la pureza e inocencia de espíritu que se le supone a la mujer, que no ha incumplido ninguno de los mandamientos de Dios antes de haber sido unida en matrimonio. ¿No me digan que esto no es una parafernalia hipócrita? ¿Por qué en nuestra sociedad se sigue manteniendo esta tradición de levantar el símbolo de pureza a una novia que es de todo menos pura? Piénselo la próxima vez que asistan a una boda…

La Mosquée de Cordoue est déjà histoire.

Publicado en Realidad Social con etiquetas , , el 16 febrero, 2012 por vickypress

La mosquée de Cordoue est le symbole le plus célèbre de la ville. C’est pour ce bâtiment qu’elle est connue dans le monde entier. Elle était la deuxième mosquée la plus grande du monde, après celle de La Mecque à l’époque de sa construction, pendant le califat des Omeyyades.

Mais, depuis la reconquête des chrétiens des territoires d’Al-Andalus, le clergé s’est occupé de la détruire. Ils ont construit une basilique chrétienne à l’intérieur et ont rempli tout le bâtiment avec des tombes de saints et des chapelles. La mosquée a perdu sa part de magie arabe.

Le bâtiment est la proprieté du Diòcese de Cordoue et depuis 2010 son nom officiel est Cathédrale de Cordoue, grâce au évêque de la ville, Demetrio Fernández.

Alors, faites attention aux photos suivantes et essayez de deviner ce qu’elles representent.

a) Un mihrab  b) Un mihrab  c) Un mihrab

a) Un minaret  b) Un minaret  c) Un minaret

Depuis qu’il a pris sa charge, cet évêque très conservateur a commencé une campagne pour effacer l’esprit Islamique du bâtiment, en agitant la menace fondamentaliste. Il disait que les fondamentalistes islamiques reivindiqueaient la proprieté arabe du monument et leur droit à l’occuper. Naturellement, nous savons que aucune organisation ou pays va nous “envahir” pour récupérer un temple dans lequel la pratique de l’Islam n’a jamais été permise.

Heureusement, les conventions sont très difficiles à changer et nous continuerons à l’appeler La Mosquée parce que c’est cela qu’on voit quand nous la regardons.

 

Des-historia, desmemoria y desprecio

Publicado en Racismo, Realidad Social, Series que debes ver con etiquetas , , , , , el 26 enero, 2012 por vickypress

Recuerdo toda mi etapa educativa primaria y secundaria y la asignatura de historia. Siempre me gustó mucho esa asignatura, si no era mi favorita y echando a la vista atrás me doy cuenta de cómo algunas etapas de la historia eran obviadas en los libros de texto o por los profesores de manera deliberada. Por no hablar del sistema de evaluación de Historia de España en Selectividad, en el cual sólo se tienen en cuenta los siglos XIX y XX de la historia de un país con varios milenios a sus espaldas. Curiosamente, la parte siempre obviada suele ser la misma: el lapso que abarca de los siglos VII al XV. No me gusta ser malpensada pero esos siglos coinciden con el período de la historia en el que este territorio constituía uno de los más prósperos reinos árabes y musulmanes de todo el planeta. Y toda la vida estudiando la historia de este país hemos creído que de la costilla del hombre de Atapuerca surgieron los Reyes Católicos.

Sin duda, el franquismo tuvo un gran influencia en obviar toda esta parte de la historia. Qué menos que negar que este país nunca fue musulmán y que todo lo que viene de África hacia abajo no puede ser nada bueno. Sin embargo, esta ocultación ha proseguido después del final del régimen autoritario y no acabo de entender las razones. Precisamente, si hay algo que nos hace diferentes en toda la historia de Europa es este pasado árabe e islámico, que, lejos de suponer una carga, marca más bien el período de mayor esplendor de estas tierras. Emisarios de todos los países eran enviados aquí. Aquí trabajaban los más eminentes médicos, científicos, astrónomos, matemáticos, ingenieros y traductores. Todas las aportaciones materiales y culturales que el Islam legó a Europa entraron a través de la península ibérica y establecieron las bases para el resurgimiento de Europa allá por el siglo XV en lo que se ha venido en llamar Renacimiento, proceso que no es sino la apropiación y puesta en práctica de la herencia árabe.

Por tanto, cabe preguntarse por qué esa insistencia en esconder el tiempo más glorioso de nuestra historia, una misión común a la que han contribuido la clase política, intelectual y los medios de comunicación, resultando en un desconocimiento general por parte de la población de la historia de su propio país. ¿Cómo vamos a comprender lo que sucede hoy en día si desconocemos el proceso que se ha seguido a lo largo de cientos de años hasta este momento? ¿Cómo vamos a comprender las manifestaciones de distintas religiones, culturas e identidades que tienen lugar en nuestras calles si no sabemos que en algún momento de la historia esa era la norma común?

Toledo, la ciudad modélica. El modelo de tolerancia a seguir por cualquier ciudad en Europa, con la convivencia pacífica y armoniosa de judíos, cristianos y musulmanes. Un hito del que deben enorgullecerse todos los toledanos en estos tiempos que corren. Pero qué va, llega ahora una cadena estatal de televisión y decide que estos mitos no son beneficiosos para una sociedad diversa en la que existe una mezcla aún mayor que la de aquella época. ¿Por qué perseguir la integración y la lucha contra los problemas sociales unidos si podemos enfrentarnos unos contra otros? Antena 3 ha decido destruir la imagen de Toledo como modelo de tolerancia y convivencia religiosa en beneficio de un modelo de superioridad de unos ‘blancos’ sobre unos ‘moros’ también blancos. No quiero entrar en los detalles técnicos y de puesta en escena de la serie, porque dan para rato y no es ese el tema a tratar, pero la falsedad que caracteriza a la serie afecta también al propio argumento, desde el mismo momento en que se escoge la época en la que se ambienta la serie: la ciudad ha sido reconquista por los cristianos del norte. Cristianos que sobreentendemos han de representar a los españoles de hoy en día (una imagen totalmente creada por el franquismo) frente a los árabes invasores. Creo recordar que esos cristianos tan españoles eran unos bárbaros visigodos y, por tanto, también invasores. En fin, es algo que no tiene importancia. Lo más repugnante de la serie son el racismo e intolerancia encubiertos que transmite. A priori, la serie parece que intenta ser neutral, representar a todos más o menos en igualdad (los protagonistas principales son todos cristianos!), pero numerosos diálogos y acciones dan muestra evidente de que la intención de la serie es reforzar una identidad nacional (que me digan los sociólogos si este es un método propagandístico utilizado en momentos de crisis social tan grave como la que estamos atravesando) puesta en duda por no sé quién. La representación también consigna la desigualdad desde el momento en el que los actores escogidos para representar a los personajes no transmiten visualmente ninguna de las características que para dicha interpretación se les presuponen. Las afirmaciones del tipo “no les podemos entregar al culpable a los moros, porque no sabes lo que hacen con ellos: son crueles, los torturan” hacen enrojecer de vergüenza ante el pequeño olvido de que el tribunal penal más sanguinario de la historia (el Tribunal de la Santa Inquisición) haya sido uno de los mayores logros de los reyes cristianos y un orgullo nacional.

Parece que desde que Felipe II decidiera expulsar a los moriscos que quedaban del país (creando una crisis en la economía nacional de la que aún no hemos levantado cabeza) se puso fin a la historia del Islam en este país hasta que a partir de los años 80 algunos marroquíes decidieran probar suerte cruzando el estrecho y volver, quién sabe, a la tierra en la que vivieron sus antepasados. Me entristece sobremanera que ocho siglos de convivencia y pertenencia al Islam no nos hayan servido para estar a la vanguardia en políticas de inmigración y de integración social de las diversas comunidades existentes hoy día en nuestra sociedad. Y más triste es que, no sólo no hayamos aprendido nada, sino que los escasos vestigios de orgullo que nos quedan, nos dediquemos a destruirlos en pos de… ¿de qué?

Citoyens du monde!

Publicado en Hip Hop, Sound Of The Streets, Realidad Social con etiquetas , , , el 9 enero, 2012 por vickypress

En este mundo globalizado, mundializado, regido por dinámicas que conectan todas partes del globo lo único que aún no parece sucumbir a sus efectos son las personas. Nos empeñamos en arraigarnos en una entidad e identidad nacional, como el creyente se aferra a la Virgen para que le salve de los males que le acechan. Y este es el paso que falta dar. Liberarnos del yugo del Estado-Nación como ser superior que nos aferra bajo sus garras y sentirnos como lo que realmente somos: ciudadanos del mundo. Ya lo señalaba Ignacio Muro, que existe una nueva forma de sentir y es la de ciudadano del mundo.

La información de la que dispone un ciudadano ensancha sus intereses hacia nuevos y más lejanos horizontes. Con ellos, y a través de la información sobre ellos, se desarrolla una nueva forma de sentir general: la de ciudadano del mundo. Ese ciudadano va desarrollando su propia perspectiva de los acontecimientos y observa con horror cómo los gestores de lo inmediato, los intereses de las grandes potencias, los corporativismos de grupos locales y los intereses nacionales pueden ir en contra del interés general de la humanidad.

Así es trágicamente, este sentimiento de ciudadanía mundial se ve amenazado por todos los actores a los que no les interesa esta globalización de la identidad humana y que desean ver perpetuados los conflictos sociales y humanos que asolan al planeta. Cuando existen lazos mayores entre las personas, las desgracias no se perciben de la misma manera. La solidaridad internacional no es efectiva porque todos sentimos las desgracias como ajenas y no como propias, igualarnos en este sentido nos iguala en el resto. Si todos somos ciudadanos del mismo planeta, a todos debería afectarnos lo que le ocurre, estemos situados geográficamente donde estemos.

No puedo dejar de destacar un tema de rap français, que como siempre, a la vanguardia en estos temas, ya nos muestra que el camino para un mundo más justo es que todos nos sintamos citoyens du monde!

Enfants de la terre.
Sans passeport ni visa.
Au delà des critères, 
Et de ceux, qui dévisagent.
Multi-paysage.
Richesse du métissage.
Citoyens du monde…
Juste un citoyen du monde.

Niños de la Tierra, 
sin pasaporte ni visa,
más allá de los criterios 
y de aquellos que nos miran con insistencia.
Multi-paisaje,
riqueza del mestizaje, 
Ciudadanos del mundo,
nada más que un ciudadano del mundo. 
 

 Aquí el tema completo:

Aquí el vídeo promocional:

La importancia de las palabras

Publicado en Realidad Social con etiquetas , , , , , , , el 8 enero, 2012 por vickypress

Día tras día, compruebo en televisión o en la prensa los errores que se cometen al informar sobre el mundo árabe. Generalmente, se utilizan los mismos términos, indiferentemente, para nombrar realidades muy distintas. Esto viene provocado por el desconocimiento de muchos de los profesionales que redactan estas informaciones. Afortunadamente, no todos cometen estos errores garrafales, pero sí ocurre en líneas generales, dando lugar a una gran desinformación sobre los temas que afectan a regiones del mundo como Oriente Próximo y Medio, el Magreb y en general el mundo islámico, a tal punto que la gente ya no sabe diferenciar entre lo que se le dice, produciéndose una homogeneización de colectivos humanos que, en numerosas ocasiones, no guardan ninguna relación entre sí.

Así pues, vamos a analizar ahora algunos términos que crean confusión debido a su uso incorrecto:

- Árabe: individuo que comparte una identidad supranacional que comprende a toda la región del Magreb, Oriente Próximo y la Península Arábiga, basada generalmente en el uso compartido de una lengua y unas tradiciones. Ser árabe no conlleva ser musulmán, aunque la mayor parte de los árabes profesen esta religión. Irán, a pesar de ser musulmán, no es un país árabe.

- Musulmán: aquella persona que profesa el Islam, independientemente de su origen. Hay 900 millones de musulmanes en el mundo, abarcando países tan diferentes como Marruecos o Indonesia.

- Islámico: relativo o perteneciente al Islam. Podemos hablar de arquitectura islámica, ley islámica, etc. Pero las personas no son islámicas.

- Islamista: aquel que sigue una ideología política que propone el Islam y la ley islámica como modelo a seguir en la gobernanza del Estado. No todo islamista considera la sharía como canon a seguir para gobernar un país.

- Islamista radical: aquel cuya ideología política se basa en la aplicación total de los principios del Islam a la gobernanza del Estado, incluido el uso de la sharía. Radical no implica que se ejerza la violencia para imponer dicha ideología.

- Yihadista: aquel que pretende imponer sus opciones políticas y religiosas mediante la yihad (o guerra santa). Generalmente, sí se ha hecho un uso violento de la yihad, pero también existe una corriente yihadista espiritual que no aboga por el uso de las armas.

- Terrorista: todo aquel que utiliza el terrorismo como método para imponer sus ideas u opiniones al resto o para forzar a un Estado a cumplir las prerrogativas que estos exigen. El terrorismo es un método y no una ideología, por eso calificar a alguien de terrorista requiere de muchas precauciones. Ser islamista radical no puede suponer en ningún caso ser calificado de terrorista.

Así pues, solo abogo porque se haga un uso correcto de los términos para que la sociedad tenga conocimiento realmente de lo que sucede y puede diferenciar en cada caso de qué se trata.

El invierno de la primavera árabe

Publicado en Realidad Social con etiquetas , , , , el 28 noviembre, 2011 por vickypress

Lo que está sucediendo en Egipto a día de hoy es una muestra más de cómo las ideologías se diluyen cuando se está frente al poder. La gente se manifiesta contra unas elecciones que no responden a sus demandas y contra un ejército que ha secuestrado la revolución y que parece escribir un capítulo más en la historia de gobernantes militares del país. Los Hermanos Musulmanes, ante la más que inminente victoria en esas elecciones, no apoyan a los manifestantes, haciendo uso de una doble moral que decepciona a aquellos que creemos que Islam y democracia son compatibles.

Es esta una “alianza” tácita que, desgraciadamente, trae a la mente el recuerdo de Argelia. Aquellas elecciones de 1991 en las que el partido islamista FIS arrasó fueron el comienzo de una cruenta guerra civil, que más bien habría que llamar guerra contra los civiles. El ejército, descontento con los resultados, declaró no válidas las elecciones, dando inicio a una sangrienta campaña terrorista en la que grupos islamistas armados se enfrentaron entre sí y contra la población civil, hasta que el Ejército Islámico de Salvación, unilateralmente, puso fin al enfrentamiento, beneficiándose de una amnistía por parte del gobierno y aceptando al jefe del Estado designado por los militares. Así, tenemos a día de hoy un gobierno militar de carácter autoritario que cuenta con el beneplácito de una gran parte de los islamistas, dejando aún más desamparado al pueblo argelino.

Existe el miedo a que algo parecido suceda en Egipto. Los islamistas ganan las elecciones y se encaraman al poder, contando con el apoyo de un ejército que mantiene sus prerrogativas y privilegios en la Constitución y todo continúa igual que antes. No hay verdaderas reformas, no hay mejora en la situación de la población, simplemente los Hermanos Musulmanes obtienen lo que han deseado durante tanto tiempo y gobernarán, como aquel rey francés, “para el pueblo pero sin el pueblo”.

Mirarse el ombligo

Publicado en Racismo, Realidad Social con etiquetas , , , el 1 julio, 2011 por vickypress

Me gustaría dejaros hoy un artículo muy interesante que encontré hace varios días leyendo un libro de Juan Goytisolo. Es de 1998 y trata sobre El Ejido y lo que rodea a esta ciudad. Resulta profético, cuando dos años después, tendrán lugar los actos racistas que hicieron que todos los españoles (al menos a los que somos sensibles a este respecto) nos cubriéramos de vergüenza a ojos de todo el mundo.

El Ejido, quién te ha visto y quién te ve

En el verano de 1957 atravesé por primera vez la comarca almeriense de El Ejido. El alquitrán de la recta que la mediaba era como el filo de un evanescente cuchillo: una línea estrecha, emborronada por la calina, sojuzgada por un sol implacable; paisaje huérfano, pedregosos, de tierras áridas y arbustos mezquinos. Unos pocos edificios de una planta bordeaban la carretera: puestos de venta de alfarería y cerámica, dos otras ventas, casuchas enjalbegadas, algún almacén primitivo. Recuerdo que al detenernos Monique Lange y yo con nuestro diminuto Renault, los parroquianos de un ventorro acudieron a saludarnos: un coche con matrícula extranjera y conducido por una mujer no era pan de todos los días. Nos ofrecieron el agua fresca de un cántaro y aceptaron a cambio los cigarrillos de una marca para ellos desconocida. Preguntaban si en Francia había trabajo, nos dictaban sus nombres y domicilios con la esperanza de obtener un contrato. Buscaban una salida de aquel mundo inhospitalario y agreste, con el pie en el estribo de un caballo todavía imaginario. Almería era entonces la Cenicienta de nuestras provincias. Una frase cruel, despectiva, abreviaba sus lacras y desdichas: “esparto, mocos y legañas”. La vista de la pobreza ajena impulsa siempre las lenguas afiladas de quienes la observan desde arriba.

En 1961 rehice el trayecto con Simone de Beauvoir, Nelson Algren y el futuro director cinematográfico Vicente Aranda. Nos paramos a otear el paisaje en un punto deshabitado y contemplamos el páramo que se extendía hasta el mar, moteado por unas escuálidas manchas de verdura. Alguien había perforado unos pozos y el agua subterránea alimentaba modestos huertecillos. La compañera de Sartre comentó: “Quelle pauvreté! On s’y croirait en Afrique!” [¡Cuánta pobreza, nos creeríamos en África!].

Entretanto había empezado el gran éxodo a Europa. En París, Bruselas, Ginebra, en todas las ciudades alemanas, francesas, belgas, suizas, holandesas decenas de millares de españoles fácilmente identificables por su indumentaria, maletas y atavíos se apiñaban en las estaciones de trenes y autobuses en busca de direcciones y contactos. La economía europea andaba entonces necesitada de brazos. Asistentas de hogar, albañiles, peones, camareros, obreros no especializados se insertaban rápidamente en circuitos laborales de unas sociedades en crecimiento, al parecer, indefinido y deseosas de olvidar recientes catástrofes.

Como sus abuelos y padres, emigrantes económicos y exiliados políticos en Argentina, Venezuela o México, los españoles fueron acogidos con los brazos abiertos. Los republicanos apriscados entre alambradas en Angles, Saint Cyprien y otros campos del sur de Francia en febrero de 1939 evocaban con ironía amarga su suerte muy distinta: “A ellos les dan la bienvenida e ignoran el trato que sufrimos nosotros”. La historia avanzaba no obstante por buen camino y nadie preveía lo que ocurriría luego.

Las manifestaciones de xenofobia y racismo en diciembre de 1997 en diversos puntos de El Ejido, convertido hoy en una de las comarcas más prósperas de España gracias al cultivo intensivo de verduras en tempranales e invernaderos y a la explotación despiadada de la mano de obra extranjera, a menudo clandestina, nos fuerzan a reflexionar sobre lo acaecido en las últimas cuatro décadas y la transformación experimentada por sus habitantes en dicho período.

El prodigioso salto económico de la miseria a una riqueza desigualmente repartida pero caída casi como un maná del cielo por un concurso de circunstancias irrepetible se inició como sabemos en los últimos años del franquismo. Al no ir acompañado de medidas democráticas y educativas, favoreció a una población no apercibida para aquel cambio súbito de status. El acceso a las ventajas materiales y técnicas de las sociedades avanzadas se produjo así sin una preparación ético-cultural adecuada. Lo arcaico se entreveró con lo nuevo sin continuidad ni equilibrio. “En lugar de una evolución progresiva como en otros países europeos”, escribí hace 34 años, “asistimos a un trastorno brusco de todos los hábitos sociales y mentales. En lo moral, como en lo económico, pretendemos quemar las etapas sin caer en la cuenta de que ni las estructuras sociales ni las costumbres pueden improvisarse de la mañana a la noche”.

Las actuales agresiones, torturas y secuestros de magrebíes en El Ejido confirman desdichadamente este análisis. Aunque Almería ha sido tradicionalmente un país de emigrantes, no adquirió nunca una cultura de la emigración. Los contactos con otras poblaciones se efectuaron fuera de sus límites. Por dicha razón, la memoria de un pasado cifrado en su anhelo de huir de la pobreza no plasmó en una comprensión de la miseria ajena ni en una ética solidaria. La llegada en los últimos quince años de magrebíes y sursaharianos indocumentados para llenar unos puestos de trabajo que ningún español quiere ocupar, y en unas condiciones indignas de nuestra flamante personalidad europea, no despiertan un recuerdo compasivo del pasado ni una simpatía activa hacia las víctimas de situaciones vividas. Al contrario: los moros y negros esclavizados en los invernaderos –necesarios dentro de éstos, pero indeseables fuera- avivan los sentimientos egoístas de superioridad y permiten a los ex emigrantes e hijos de emigrantes saborear la escenificación actual del drama de sus propias vidas, representado hoy por actores distintos, como una venganza ejemplar.

El paisaje físico y moral de El Ejido se ha transformado a un ritmo acelerado: kilómetros y kilómetros de invernaderos espejean a los lados de la nueva carretera, grandes hoteles para turistas, bloques imponentes de viviendas, sucursales bancarias, urbanizaciones, supermercados, agencias inmobiliarias, clubes de alterne se suceden desde Aguadulce a la capital económica de la comarca. El tráfico es intenso, la población indígena se adapta como puede a las fluctuaciones de la moda vestimentaria y El Ejido exhibe con orgullo todos los signos exteriores de riqueza y modernidad: desde los McDonald’s y Pizza Hut a los casinos de juego, salas de aerobic y saunas tailandesas.

La secular aversión al moro, tan bien desmenuzada por Rodrigo de Zayas y José María Perceval, constituye el sustrato histórico justificativo de los apaleamientos y expediciones “de castigo” de unos cristianos viejos disfrazados de europeos nuevos y del silencio cómplice de poblaciones enteras de El Ejido ganadas a la unanimidad -¡oh, cuán heroica!- de la plebe castiza de Fuenteovejuna.

La historia se repite y, del mismo modo que la boga de la novela granadina permitía a los lectores cultos del siglo XVI verter sentidas lágrimas sobre el triste destino de los abencerrajes y zegríes desparecidos de su horizonte cotidiano para mejor aborrecer y humillar a la caterva visible, real, uniforme, animalizada de los moriscos con quienes se cruzaban a diario, las almas bondadosas de hoy, las congregadas en el claustro de lo políticamente correcto, atraviesan centenares de kilómetros de montes y desiertos, a través de un país víctima de infames carnicerías diarias, a fin de conmoverse con la suerte dramática de unos saharauis remotos para desentenderse así, con un fariseísmo arrogante, de una xenofobia y racismo próximos, muy próximos, caldo de cultivo de los atentados y crímenes cometidos en casa contra los moros –marroquíes y argelinos- fugitivos de la pobreza y de una guerra de exterminio de fines inconfesables. Como escribía Américo Castro, “vivir culturalmente exige estar siempre alerta, percatarse de que no basta con ser consumidor o aplicador de la cultura ajena… Cuando los españoles se den cuenta de quiénes y cómo han sido, sus circunstancias mejorarán considerablemente. Porque la verdad es que hoy día no están habitando su propia historia; es decir, no saben en realidad quiénes son, pues ignoran quiénes fueron”.

Pese a los meritorios esfuerzos de asociaciones como Almería Acoge y de otros grupos defensores de los derechos humanos, el fuego xenófobo se propaga. La predisposición de las autoridades de la zona, tanto las del partido del Gobierno como las del PSOE, a encubrir a los culpables –sus potenciales votantes- y a prohibir los actos de protesta de las víctimas, es tan indignante como mezquina: un verdadero monumento de mala fe.

La desmemoria de El Ejido no admite disculpa, y con dolor y vergüenza lo digo: ¡quién te ha visto y quién te ve!

El País, 1998.

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